¡No tiene precio!

Lamentablemente gracias a los publicistas de Mastercard esa frase se ha vuelto muy común o repetida, utilizada inclusive muchas veces para bromas, pero hay momentos en los que realmente se hace válida, para mí al menos hoy lo ha sido. Por más que sean cosas sencillas y que quizá para algunos no tengan sentido para mí fue muy importante, en general no soy una persona de complicaciones así que casi nunca me preocupo de regalos, tarjetitas o cosas por el estilo, pero que mi "hermanito pequeño" (tiene 19 años y es casi 30 centímetros más alto que yo) se despierte a las 6 de la mañana para despertarme el día de mi cumpleaños y me de un abrazo como cuando eramos chiquitos, ESO NO TIENE PRECIO. Estar cuidando de tu mascota más vieja porque está enferma, comprarle remedios, tener que verlo sufrir y ver que muera el día de tu cumpleaños, eso TAMPOCO TIENE PRECIO. En fin, como siempre dicen, una de dulce y una de sal, pero no estoy triste, puesto que a pesar de todo siempre quedan los buenos recuerdos, desde cuando eramos ñiños o cuando el pequeño gatito se escondía bajo mi cama y brincaba cuando alguien llegaba. Lo importante no es fijarse en los momentos, sino en lo que ello representó para nosotros.