Domingo de elecciones y un encuentro con la idiosincracia latinoamericana

Este domingo que pasó nuevamente tuve que participar como miembro de una de las mesas de votación, en esta ocasión para elegir parlamentarios andinos, pero esta vez hubo un pequeño giro... Como el nivel de ausentismo fue bastante alto, muchas de las mesas estuvieron incompletas, mi mesa fue una de las pocas en las que al contrario hubo personas de más y me terminaron sacando para que fuera a ayudar en una mesa que estaba incompleta. La sorpresa fue que no sólo me tocó estar en otra mesa, sino que esa mesa era de mujeres y como siempre están categorizadas por letras, la sorpresa mayor llegó el momento de ver qué letra me tocó, de la M a la P.

Para muchos eso no significa nada, pero para que entiendan un poco mejor la envergadura del asunto, les paso a explicar brevemente, bueno, realmente no es la gran cosa, pero simplemente me hizo pensar en lo cómica que puede ser la vida y las sorpresas que nos puede preparar. Dentro de los apellidos con la letra P estaba mi Ex, como dice una amiga, esas cosas sólo me pasan a mi XD. En realidad, no pasó nada fuera de este mundo, pero de cualquier forma fue algo inesperado.

Fuera de estas sorpresas no esperadas, el proceso fue bastante normal, sin embargo algo que me llamó la atención es que mientras estuve en la mesa sólo de hombres en las elecciones pasadas, estuve bastante aburrido, apenas si conversamos e hicimos nuestro trabajo. Sin embargo, en la mesa de mujeres me pasé casi todo el día conversando sin cesar, hubo una muy buena química y nos divertimos a pesar de estar encerrados todo el día. Otra muestra de lo pequeño que es el mundo es que luego de un tiempo pusieron a otro hombre para completar la mesa y resultó ser no sólo colega (también profesor universitario y ejecutivo), sino que era también el hermano de una bloggera que algunas veces escuché nombrar, aunque no recuerdo haber conocido personalmente.

Algo que se sintió extraño en un momento de la conversación fue el que de acuerdo a las "convenciones" tradicionales, yo estoy fuera del estándar, es decir, tengo 28 años, un trabajo estable, estoy levantando una nueva empresa, y hago un montón de cosas más que ya nombré al hablar de mi "sobrecarga", por lo cual de acuerdo a la amable señora con la que conversé, lo que me falta es conseguir una mujer, casarme y tener hijos, pues ya estoy en la edad en la que debería, de hecho su hijo de 24 ya estaba casado y nuestro compañero de mesa fue lo que hizo apenas se graduó de la universidad, pues era lo "correcto" dentro del plan de vida.

Realmente me causó gracia, pues aunque no puedo negar de que sí me interesa llegar a formar una familia algún día, no está en mis planes inmediatos, de hecho me he dedicado mucho más a mi mismo, mis amigos y mi familia desde hace un buen tiempo y lo he disfrutado, de hecho desde hace casi un año ya que ni siquiera tengo novia, ni me he preocupado de buscar una, si aparece, bueee.. será otra cosa, pero no es mi objetivo, no me he desesperado por encontrar lo que no se me ha perdido...

Sin embargo no es de sorprenderse, el estándar americano y especialmente latinoamericano busca eso o tiene ese objetivo, aunque no lo diga de manera frontal o se pase diciendo que sus objetivos van más allá y que se preocupa de otras cosas, nuestra cultura se ha encargado de grabarle en la cabeza esa idea a muchos, haciéndoles pensar que ese es el "nirvana" de la vida o el propósito final, cuando en el medio de esta pequeña historia a la cual todos llamamos vida hay millares de cosas más por descubrir, disfrutar y aprender.

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